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Marcelo Daniel Feito «Teniente Rodolfo»: biografía de un internacionalista argentino

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por Lois Pérez Leira

Aniversario de la caída en combate: 16 de septiembre.

Marcelo Daniel Feito, conocido en la guerrilla salvadoreña como «Teniente Rodolfo», nació el 30 de mayo de 1965 en Villa Ballester, partido de San Martín, provincia de Buenos Aires. Provenía de una familia comunista y era hincha de Independiente. Falleció en combate el 16 de septiembre de 1987 en Chalatenango, El Salvador, a los 22 años.

Militó desde muy joven en la Regional Norte de la Federación Juvenil Comunista, la FJC, «la Fede». Al terminar el colegio comenzó a trabajar como tornero en la empresa metalúrgica TENSA, en Munro, muy cerca de su casa. Esta fábrica tenía una fuerte tradición de lucha sindical: allí se había organizado años antes Floreal Avellaneda, delegado gremial y militante comunista, que fue perseguido durante la última dictadura. Feito se formó así en un ambiente de militancia obrera y compromiso político concreto.

En 1985, fruto del internacionalismo que caracteriza al Partido Comunista y a la FJC, Marcelo participó junto a más de cien jóvenes de las Brigadas del Café, apoyando a la Revolución Sandinista en Nicaragua, a pesar de la resistencia del gobierno de Raúl Alfonsín y del embate imperialista de Estados Unidos en Centroamérica. Tenía 20 años cuando fue incorporado a las listas de militantes de la Fede que participarían de la segunda Brigada del Café, a principios de 1986. Allí escribía: «Ahora más que nunca estoy dispuesto a dar la vida, a combatir, para que no pasen los yanquis. De vez en cuando se oye algún disparo, o algún obús perdido. Cuando oigo eso envidio a los nicas que están combatiendo (…) Estoy mamando lo que significa el SACRIFICIO para la revolución, el de todos los días, con el fusil al hombro, cantando, cosechando, amando la patria…».

Luego de esta experiencia, Marcelo pasó por El Salvador y se integró a la lucha del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, el FMLN. Allí adoptó el nombre de guerra «Teniente Rodolfo». Antes de partir se despidió de sus compañeros de la FJC con una frase que se volvió emblemática: «Ahora vamos a ver si seremos como el Che».

Carlos Castaneda, fundador del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y excanciller, lo recordó así: «Cuando Marcelo se incorporó al grupo de los internacionalistas, destacó de inmediato por su profunda empatía hacia los cipotes y cipotas: jóvenes combatientes que, en su mayoría, apenas habían alcanzado el primer o segundo grado de primaria. Aunque cada persona tenía su propio carácter y temperamento, Marcelo poseía una sensibilidad especial para conectar con ellos. En medio de la guerra, aprovechaba los momentos de relativa calma para conversar con la tropa en la escuadra —integrada normalmente por nueve a once combatientes— o con el pelotón guerrillero de hasta 27 efectivos. Allí se le veía compartiendo el plato de frijoles con tortilla, la sopa o el caldo negro, integrado como uno más. Su huella humana y militante quedó marcada en Chalatenango, particularmente en la escuelita del cantón Los Alas, muy cerca de lo que fueron las posiciones de contrainsurgencia de la Cuarta Brigada de Infantería. En ese lugar permanece la placa conmemorativa traída desde Argentina por los compañeros que compartieron aquella lucha. Marcelo permaneció casi dos años en el territorio, desde su llegada en 1986 hasta su caída el 16 de septiembre de 1987. En esa estructura, con cinco pelotones y una “escuelita” destinada a la formación elemental guerrillera, aportó el rigor de su instrucción militar recibida en Cuba. Sin embargo, su verdadero mérito residió en la confianza que supo ganarse entre la tropa. Ejercer el mando siendo extranjero no estuvo exento de dificultades o reticencias iniciales. Marcelo supo romper esas barreras al construir un liderazgo de carácter horizontal, incluso dentro de la rigidez propia de la estructura militar. Como teniente y combatiente, cumplió sus responsabilidades al detalle: recorría los cantones y caseríos en busca de alimentos —conformándose a veces solo con tortillas de maíz— y marchaba a la par de la tropa, con el saco al hombro, la mochila, el fusil y la munición, plenamente entregado a la causa».

El 16 de septiembre de 1987, Marcelo Feito cayó en una emboscada en Chalatenango, El Salvador, combatiendo con el FMLN. Tenía 22 años. Su muerte fue un golpe doloroso para sus compañeros argentinos y salvadoreños, pero su figura se convirtió en símbolo del internacionalismo proletario que la FJC reivindica como parte de su tradición.

En la actualidad, una escuela rural del caserío Los Alas, cantón Las Minas, en el departamento de Chalatenango, El Salvador, lleva el nombre de «Teniente Rodolfo» en su homenaje. Este dato se suma a la memoria que mantienen sus compañeros y organizaciones políticas, que destacan su decisión de «poner el cuerpo en los sueños, el corazón en las ideas y reivindicar la rebeldía». Como él mismo escribió desde Nicaragua, estaba dispuesto a dar la vida «para que no pasen los yanquis»: esa coherencia radical entre lo que se dice y lo que se hace es el núcleo de su legado.

🚩 ¡Hasta la Victoria Siempre, camarada Marcelo Feito!

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