Lunes, Agosto 31, 2026
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Venezuela: ¿ser o no ser?

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​por Lois Pérez Leira (Coordinador Regional del Sovintern para América Latina y el Caribe)

El desconcierto actual ante la situación de Venezuela es comprensible y está ampliamente compartido, pues los acontecimientos recientes han roto de golpe los esquemas geopolíticos y la narrativa construida durante más de dos décadas.

Como inmortalizó el gran Armando Tejada Gómez con esa ironía tan propia de su pluma, estar «más confundido que Adán en el Día de la Madre» resume a la perfección el impacto de un escenario que desafía cualquier lógica previa.

El secuestro de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses en Caracas dejó al descubierto la vulnerabilidad del aparato de defensa y seguridad del gobierno, pero el verdadero choque para las bases chavistas no fue solo la extracción ilegal e ilegítima del mandatario, sino la ausencia de una respuesta popular masiva en las calles.

La promesa histórica del pueblo movilizado resistiendo la agresión exterior no se materializó debido a un desgaste socioeconómico acumulado y a la desmovilización política. A nivel internacional, las condenas se limitaron al terreno diplomático, dejando en evidencia el aislamiento práctico del liderazgo oficial.

Sin embargo, la exigencia de la libertad de Nicolás Maduro se mantiene como una prioridad y una bandera irrenunciable que no se puede discutir dentro del movimiento popular, situándose en el centro del debate sobre la legitimidad de las instituciones y la soberanía del país.

Es en este marco donde los próximos meses determinarán el rumbo real de la conducción de la Revolución Bolivariana.

Bajo la administración de Delcy Rodríguez, el gobierno venezolano ha ejecutado un viraje pragmático radical al sellar acuerdos petroleros masivos con Estados Unidos, concediendo a empresas norteamericanas el control operativo y la explotación de cerca del 21% de las reservas probadas de crudo a cambio de liquidez e inversión en la deteriorada infraestructura estatal.

Para la cúpula que hoy ostenta el poder, esta medida representa una estrategia de pura supervivencia política y financiera para evitar un colapso total del Estado.

No obstante, para la memoria histórica, la entrega de estos activos estratégicos revierte los pilares de la nacionalización impulsada por Hugo Chávez, asemejándose más a las concesiones de los años noventa que a las premisas del socialismo bolivariano.

Este cambio de rumbo ha desatado un cisma ideológico tanto dentro como fuera de las fronteras venezolanas. La izquierda internacional se encuentra desorientada y dividida, atrapada entre su rechazo histórico al intervencionismo de Washington y la imposibilidad de defender a un gobierno que suscribe pactos económicos de gran escala con la administración de Donald Trump.

Al mismo tiempo, dentro de Venezuela, el chavismo histórico y antiimperialista ha comenzado a articular una postura crítica frontal. Figuras de peso dentro del proyecto originario como Elías Jaua encabezan este sector, denunciando la tutelación exterior, las concesiones económicas y exigiendo el rescate del ideario soberanista frente a lo que consideran una capitulación.

Lo que atraviesa el país es una fase de realpolitik extrema donde los dogmas han cedido ante la preservación del poder, dejando en el aire la definición futura del proceso político venezolano.

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