PUTIN CONTRA EL IMPERIO

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Jorge Gálvez (ex dirigente del FPMR, actualmente militante del Partido Igualdad)

En el año 2015 escribí este artículo, el cual sigue completamente vigente, a pesar de los nuevos acontecimientos, guerra de Ucrania-OTAN contra Rusia, donde se define el mundo unipolar o multipolar, la decadencia del Dólar, los BRICS, la alianza Rusia-China, etc. consideré necesario publicarlo nuevamente.

El mundo unipolar ha terminado, pero la verdad que nunca existió en realidad, la unipolaridad esta imposibilitada de existir, va contra la estructura dialéctica de la historia. Hemos vivido después de la caída de la URSS en un mundo con hegemonía estadounidense, donde el contrapoder ha estado disminuido, disperso, con una correlación de fuerzas desfavorable, pero el mundo multipolar siempre estuvo ahí, nunca nos dejó, permaneció al acecho, esperando el momento histórico.

La globalización como expresión del “mundo unipolar” fue simplemente un velo ideológico, ofensiva teórica del conservadurismo para invisibilizar a los Pueblos. La Globalización fue una teoría remozada del ultra-imperialismo de Kaustky que criticó ya Lenin en su época. No es posible terminar por decreto o por simple voluntad las contradicciones objetivas que tienen las grandes potencias y centros imperialistas en el mundo, incluso no es posible terminar con las contradicciones de los intereses económicos y políticos en pugna, ni los objetivos geopolíticos imperialistas con aquellas naciones y Estados que aspiran vivir sin la tutela del imperio, y buscan parar los avances que lidera la oligarquía financiera imperialista. 

En tanto, la “supremacía” del neoliberalismo se develó simplemente como un modelo para administrar la crisis del capitalismo en su etapa senil, incapacitado de ser un modelo de desarrollo nacional, siendo un mecanismo para el saqueo extremo, para retardar la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia del capitalismo.

La crisis económica del 2008, un hito más de la crisis que se viene desarrollando desde la década de los 70, en conjunto con la crisis energética que vive el planeta, lleva a que el imperialismo no logre salir de los efectos de la crisis, al saqueo de las naciones y Estados periféricos, pero ya no en el sentido clásico del colonialismo de otras épocas, que anexando territorios y colocando gobiernos subordinados, que administraban “democráticamente” el saqueo, sino hoy apropiándose de los recursos naturales, pero dejando por su incapacidad militar a los territorios invadidos, en una situación de barbarie y desgobiernos transformándose estos en Estados fallidos.

La declinación del capitalismo, razón principal de la guerra, busca desesperadamente conseguir recursos, mano de obra barata en la periferia, reducir los costos y aumentar la tasa de ganancia, sin la necesidad de recurrir a reducir los salarios de sus propios países, pues esto implicaría la destrucción de sus propios mercados, situación que pondría al capitalismo ante una debacle existencial.

El imperialismo estadounidense y sus aliados europeos necesitan del terrorismo en el mundo, el del Estado Islámico entre otros grupos de medio oriente, como también todas sus expresiones en el resto del mundo, pues generan y mantienen las condiciones para el saqueo energético de los países colonizados o de aquellos que quieren invadir. En cambio, Rusia y China necesitan de la soberanía de las naciones para implementar su propuesta de una nueva institucionalidad económica y política a escala planetaria. El imperialismo estadounidense y europeo necesita de la guerra para mantener la estabilidad de su sistema capitalista, en cambio Rusia y China y los BRICS en general necesitan de la Paz para hacer posible sus propuestas políticas y económicas alternativas al FMI y al Banco Mundial.

En este marco el imperialismo requiere enfrentar el desafío que significa China y Rusia, pues el proyecto económico y político de estos no pueden avanzar, sino a condición de romper las relaciones de dependencia que tienen nuestros países con imperialismo norteamericano, es en este punto que coinciden plenamente los objetivos de los movimientos populares y progresistas de América Latina con los de Rusia y China.

En definitiva, Rusia se enfrenta al imperio estadounidense en su lucha por la construcción de una nueva institucionalidad económica sintetizada en los BRICS, se confronta en el escenario militar en la defensa de la soberanía de Siria o en el conflicto de Ucrania, en términos políticos respalda los procesos de Bolivia, Venezuela, Nicaragua y otros en América Latina, y busca restablecer las amplias relaciones que tenía la URSS con el mundo social y político de los países subdesarrollados, en busca de conseguir la correlación de fuerzas que necesita para enfrentar al imperio.

El antiimperialismo de Putin es una imposición de la historia, Rusia no puede avanzar y consolidarse como una nación independiente, sino enfrenta en el escenario internacional la hegemonía estadounidense. El destino histórico de Rusia es confrontar al imperialismo, no lo hace por una definición filosófica, sino porque en ello se le va la vida también a Rusia, y la dialéctica de la necesidad y casualidad de la historia eligió a Putin para encabezar esta lucha.

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