DORAL, FLORIDA (360Noticias) Lo que se presentó como una cumbre hemisférica para abordar la seguridad regional terminó siendo una vitrina del más crudo supremacismo. En el marco del encuentro “Escudo de las Américas“, celebrado en el corazón de la comunidad del exilio cubano en Doral, el expresidente y actual figura política Donald Trump dejó caer una frase que sintetiza su visión sobre la región: “No voy a aprender su maldito idioma”. Lejos de ser un exabrupto aislado, la frase encapsula una doctrina de supremacismo cultural.
La declaración, recibida con risas y aplausos por un auditorio compuesto en su mayoría por presidentes lacayos latinoamericanos, figuras de la derecha radical, fue la confirmación de una política de menosprecio hacia las naciones al sur del río Bravo.
La cumbre “Escudo de las Américas”, enfocada teóricamente en combatir el narcotráfico y frenar la influencia de China en el hemisferio, destacó no por sus acuerdos, sino por sus ausencias. En una maniobra que evidencia la intención de fragmentar la unidad latinoamericana, Trump excluyó deliberadamente a potencias regionales como México, Brasil y Colombia.
El mensaje fue claro: no hay espacio para diálogos incómodos ni para líderes que no se plieguen a la visión unilateral de Washington. En su lugar, el evento sirvió como una plataforma para alabar a quienes se inclinaban a sus pies, entre ellos en presidente lecto de Chile, Kast.
Mientras los mandatarios invitados —provenientes de naciones como Argentina, El Salvador y Ecuador— guardaron un silencio cómplice o se limitaron a aplaudir las ocurrencias del magnate.
En la cumbre “Escudo de las Américas” para Trump y sus aliados, el verdadero propósito no era proteger al continente, sino reafirmar una visión de superioridad donde Latinoamérica debe escuchar, obedecer y, si es posible, hacerlo en inglés.











