El gobierno de Estados Unidos continúa con su política inhumana, criminal y mafiosa de bloqueo contra Cuba, impidiendo que el país importe el petróleo que necesita desesperadamente. El resultado son carencias en la infraestructura más básica, muertes por apagones en hospitales, enormes dificultades en los sectores de salud y educación, y la desintegración gradual de la economía cubana.
Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense amenaza con una intervención militar en la isla y fabrica afirmaciones totalmente absurdas y ridículas de que Cuba supuestamente se está armando para atacar a Estados Unidos.La guerra económica que busca aplastar a Cuba pretende provocar un cambio de régimen en La Habana y devolver a Cuba a la época en que servía como burdel y casino para Estados Unidos.
Cualquier colapso de Cuba constituiría una terrible derrota para toda la humanidad democrática. Esto recompensaría la destrucción del derecho internacional por parte de Estados Unidos e intimidaría a cualquier gobierno que busque ejercer su soberanía en el mundo, incluso a gobiernos de supuestos aliados estadounidenses como Canadá y Dinamarca.
Pero eso no es todo. Washington declara abiertamente que quiere que se retiren de la isla las estaciones de alerta temprana rusas y chinas. Su desmantelamiento, combinado con el nuevo programa de defensa antimisiles «Guerra de las Galaxias», facilita los planes para un primer ataque nuclear y destruye cualquier estabilidad estratégica entre Estados Unidos, Rusia y China.
Por todas estas razones, hacemos un llamamiento a los países BRICS, especialmente a los líderes de China y Rusia, así como a los líderes de todos los demás Estados, instándolos a emprender iniciativas prácticas conjuntas para levantar el embargo petrolero contra Cuba.
Confiamos en que tales iniciativas contarían hoy con la aprobación y el apoyo de la opinión pública mundial, incluyendo la de Estados Unidos y Europa. Los Estados que emprendan esta iniciativa humanitaria solo ganarán prestigio y popularidad. Comprendemos por qué los gobiernos a los que apelamos no desean provocar otra crisis peligrosa en sus relaciones con Estados Unidos. Pero si Washington encuentra una oposición práctica por parte de varios Estados poderosos que actúen conjuntamente, no podrá escalar hacia una crisis, especialmente dado su frente abierto ya establecido en Asia Occidental.
Pero incluso si eso no sucede, una crisis es preferible a alentar la agresión global sin precedentes que actualmente exhibe Estados Unidos. Cuanto más tarde la humanidad en detener este fenómeno —y la única manera de detenerlo es resistir con firmeza al imperialismo mafioso—, más crisis peligrosas enfrentará en el futuro.
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