Sector liberal del PC, Vallejo, Gajardo, Cataldo piden sanciones contra Daniel Jadue

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(360Noticias) Aumenta la crisis política al interior del Partido Comunista (PC) luego de que los ministros Camila Vallejo (Secretaría General de Gobierno), Jaime Gajardo (Justicia) y Nicolás Cataldo (Educación) enviaran una carta formal de protesta a la dirección de la colectividad en contra de Daniel Jadue. El gesto, inédito entre dirigentes de una misma tradición política, no solo responde a un conflicto puntual, sino que deja al descubierto una lucha interna no resuelta entre dos líneas estratégicas opuestas: una integrada plenamente al gobierno liberal de Boric y otra que reivindica un proyecto de izquierda transformadora confrontacional con el modelo neoliberal.

La misiva fue dirigida al presidente del PC, Lautaro Carmona, y a la secretaria general, Bárbara Figueroa, luego de que Jadue —quien cumple arresto domiciliario en el marco del Caso Farmacias Populares y no mantiene militancia formal activa— denunciara que su situación judicial sería resultado de una persecución política interna. En particular, cuestionó el rol de Vallejo y Gajardo como ministros comunistas dentro de un Ejecutivo que, a su juicio, no solo abandonó cualquier horizonte revolucionario, sino que pasó a administrar sin complejos el orden heredado.

En la carta, los ministros exigen que Jadue se retracte de sus acusaciones. Si bien el documento no solicita sanciones —en razón de su actual estatus partidario—, sí marca un punto de quiebre explícito entre el sector del PC que reivindica el legado transformador de los comunistas, y aquel que se a acomodado al modelo neoliberal y cuestiona los procesos populares de America latina.

Jadue y la crítica a la “izquierda institucionalizada”

El detonante inmediato de esta confrontación fue la intervención pública de Daniel Jadue durante el lanzamiento del libro “Revolución social en Chile”. Desde allí, el exalcalde desplegó una crítica frontal contra el gobierno, el Frente Amplio y su propio partido, acusándolos de haberse transformado en una “izquierda cómoda”, absorbida por la institucionalidad y desconectada de cualquier proyecto de transformación estructural.

Uno de los ejes de su cuestionamiento fue la postura de la ministra Camila Vallejo respecto a Venezuela y la mención a una eventual intervención de Estados Unidos. Para Jadue, dichas declaraciones no solo evidencian desconocimiento geopolítico, sino una claudicación ideológica que reproduce los marcos narrativos del imperialismo. A su juicio, el temor a escenarios de confrontación externa revela que el actual oficialismo nunca ha puesto realmente en jaque al poder económico, la propiedad ni las relaciones sociales fundamentales del modelo.

Pero la crítica va más allá de un episodio puntual. Jadue sostuvo que hoy no existe una izquierda revolucionaria en Chile y que ni siquiera el propio PC puede afirmar con claridad que mantiene un programa de izquierda. Recordó que el partido ha respaldado, durante su participación en el gobierno, políticas que históricamente habría combatido: la militarización del Wallmapu, la aprobación de leyes represivas y reformas estructurales que —según él— no se habrían avalado jamás si hubiesen sido impulsadas por gobiernos de derecha.

Persecución política y crisis estratégica

En ese marco, Jadue vinculó directamente su situación judicial con esta deriva política. Afirmó que enfrenta un montaje en un gobierno que cuenta con ministros comunistas en áreas clave, sin que desde el partido exista una defensa activa frente a lo que considera una persecución evidente. Para él, el silencio y la distancia de la dirigencia no son casuales, sino expresión de una izquierda que prioriza la estabilidad del gobierno y la permanencia en el aparato estatal por sobre la solidaridad política y la coherencia histórica.

Una fractura que desborda al PC

La carta de los ministros y la respuesta política de Jadue revelan una fractura estratégica en el Partido Comunista y, por extensión, en la izquierda chilena: entre quienes conciben la participación en el Estado como un fin en sí mismo consolidando el modelo neoliberal y quienes la entienden solo como un medio subordinado a un proyecto de transformación social profunda.

En ese sentido, el PC aparece hoy atravesado por una contradicción no saldada entre su tradición histórica y su rol actual en el gobierno.

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