Declaración de condena a la orden ejecutiva de Trump de agresión imperialista contra Cuba
El Movimiento del Socialismo Allendista de Chile condena enérgicamente la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump, mediante la cual el gobierno de los Estados Unidos declara una supuesta “emergencia nacional” y califica, de manera arbitraria y mentirosa, que las acciones del Gobierno de la República de Cuba constituyen una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
Esta decisión, sustentada en falsedades deliberadas y sin prueba alguna, no es un hecho aislado, sino una nueva escalada dentro de una política de agresión imperialista sostenida por más de seis décadas, orientada a castigar colectivamente al pueblo cubano por haber forjado una revolución soberana, de independencia socialista y dignidad nacional. No se trata de un residuo de la Guerra Fría, sino de una agresión y guerra híbrida activa: bloqueo económico, sanciones financieras, económicas y tecnológicas, sabotajes, guerra cultural y mediática, y ahora coerción arancelaria de carácter extraterritorial.
La orden ejecutiva declara “necesario y apropiado” imponer aranceles y sanciones contra aquellos países que suministren petróleo a Cuba, con el objetivo explícito de paralizar su economía y su vida social. Estamos ante un acto de guerra económica, destinado a afectar la generación eléctrica, el transporte, la producción industrial y agrícola, los servicios de salud, el acceso al agua y, en definitiva, la soberanía y todas las condiciones materiales de existencia de la población. Se trata de una política de castigo colectivo que apunta conscientemente al genocidio social, afectando a niños, jóvenes y adultos mayores.
Las acusaciones contenidas en el documento son falsas. La Revolución Cubana no es, ni ha sido jamás, una amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos. Por el contrario, ha contribuido de manera responsable a la estabilidad regional, garantizando la seguridad de su frontera sur mediante una política de tolerancia cero frente al narcotráfico y el crimen organizado, cooperando incluso con instituciones estadounidenses.
Es totalmente falso que Cuba promueva o albergue terrorismo. No existen pruebas porque no pueden existir. Lo que sí está históricamente documentado es que Cuba ha sido víctima de un brutal terrorismo de Estado organizado desde Washington, mientras la Casa Blanca protegía a terroristas confesos como Luis Posada Carriles. Esa verdad incómoda es sistemáticamente omitida por la narrativa oficial estadounidense.
Desde el triunfo de la Revolución, Cuba ha mantenido una política exterior constante de solidaridad internacionalista, particularmente con los pueblos del Tercer Mundo, pero también con amplios sectores de los países desarrollados. Cuba no ha exportado dominación ni saqueo: ha exportado solidaridad. Envió combatientes a África para apoyar las luchas de liberación nacional y los procesos de independencia y descolonización —el Che Guevara en el Congo, la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, el apoyo a Bolivia, Guinea-Bisáu, Etiopía, Namibia, Angola y Argelia, incluida la solidaridad concreta durante la Guerra de las Arenas de 1963— y ha enviado médicos a los cuatro rincones del mundo para atender gratuitamente a los más pobres y oprimidos. Programas como la Operación Milagro han devuelto la vista a millones de personas excluidas por sistemas de salud mercantilizados.
La solidaridad es una vía de doble sentido. Cuba ha dado, y tiene derecho a recibir solidaridad. Esa solidaridad existe y se expresa en América Latina y el Caribe, en África, Asia, Medio Oriente, Europa y también en amplios sectores del propio pueblo estadounidense. No es casual que la Unión Africana, junto a la mayoría de los países del mundo, renueve año tras año su llamado al levantamiento del bloqueo criminal impuesto contra Cuba.
En este contexto, no sorprende que la contrarrevolución esté eufórica con la orden ejecutiva de Trump. Las clases y élites dominantes quieren hacernos creer que la Revolución Cubana tiene los días contados. Vuelven a subestimar al pueblo de José Martí y de Fidel, a su Partido, a su Gobierno y a su historia revolucionaria. No comprendieron el mensaje enviado al imperialismo y a los pueblos del mundo en el homenaje a los héroes caídos en Caracas el 3 de enero, ni quisieron ver la multitudinaria Marcha de las Antorchas del 27 de enero, protagonizada por las nuevas generaciones, expresión viva de la continuidad histórica de la Revolución.
Como legó para siempre Antonio Maceo: “Quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la contienda”. Ese legado es el de Maceo y Almeida; el de Fidel, Raúl, el Che y Díaz-Canel; y está instalado en el alma de la nación cubana.
Hoy, cuando las sanciones económicas se utilizan abiertamente como arma política y de agresión, la experiencia cubana constituye una advertencia histórica para todos los pueblos y Estados. Ningún país está a salvo de la coerción estadounidense si no se pliega a su diktat. Las sanciones, el asedio financiero y las agresiones militares —como lo ocurrido recientemente en Venezuela— forman parte de un mismo patrón imperial.
En este escenario, la neutralidad no existe. O se está del lado de Cuba y del derecho internacional, de la autodeterminación de los pueblos, del derecho al desarrollo con soberanía y de la dignidad humana, o se es cómplice —por acción u omisión— del imperialismo neocolonial en su fase más agresiva. La solidaridad internacionalista ya no es solo un principio moral: es una necesidad política y civilizatoria.
Reiteramos nuestra solidaridad irrestricta con el pueblo y el gobierno de la República de Cuba, exigimos el levantamiento inmediato del bloqueo y el fin de todas las sanciones unilaterales. Defender a Cuba hoy es imperativo, porque se trata de defender el derecho de nuestros pueblos a existir con dignidad.
Defender a Cuba es defender la autodeterminación y la soberanía, y rechazar la arremetida imperialista de Donald Trump y Marco Rubio contra Cuba, que es también contra toda América Latina y el Caribe y contra los pueblos del Sur Global.
Es hora de activar y movilizar la solidaridad activa con la Revolución Cubana.
Movimiento del Socialismo Allendista de Chile
Santiago de Chile, 30 de enero de 2026











