El mundo multipolar que ya Chávez avizoraba, Putin hoy lo ha hecho realidad

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José Negrón Valera

El ascenso del mundo multipolar: el significado tras la acción especial en Donbás

“El mundo del Siglo XXI que ya se asoma sobre el horizonte, no será bipolar, tampoco unipolar, gracias a Dios será multipolar”, dijo Hugo Chávez el 12 de agosto de 1998, en una conferencia desde el Palacio de las Academias en Caracas.

(Sputnik) Veinticuatro años después, Vladímir Putin daría un paso decisivo en esta dirección. Un nuevo orden, ha sido establecido, no solo en el reconocimiento de Donetsk y Lugansk, sino por la “operación especial” iniciada por Moscú para la protección de dichos territorios.

Pueden hacerse maniobras discursiva s para ensombrecer o confundir sobre la verdadera dimensión a lo que acaba de ocurrir en la frontera entre Rusia y Ucrania. Incluso se le podría estigmatizar bajo los filtros discursivos de un imaginario ya preparado para responder automáticamente y sin juicio sobre quien es “el malo de la película”. Lo que sí resulta inocultable es que estamos atestiguando un cambio de paradigma que modelará la forma del mundo para las próximas décadas.

El lento molino de la historia

Hacer inventario de las iniciativas contrahegemónicas que desde Latinoamérica hasta Asia se han venido dando para ir conformando el preámbulo de lo que ahora existe, sirven para entender que la nueva geopolítica mundial lleva tiempo siendo modelada.

Un paralelismo político a lo acontecido con el reconocimiento de Putin de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, sería la derrota dada por los gobiernos progresistas de Latinoamérica encabezados por Chávez, Lula Da Silva y Kirchnner al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que Estados Unidos deseaba imponer en la región. Un símil económico, la constitución de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), alianza comercial más grande del mundo impulsada por China.

Por supuesto que las iniciativas que han servido para poner en jaque la hegemonía de Estados Unidos y sus socios estratégicos no se han quedado sin reprimendas.

Juzgados injustamente como una “amenaza inusual y extraordinaria”, Venezuela ha tenido que resistir el “pecado” de ejercer una política soberana en el manejo de su riqueza petrolera. La más grande del mundo.

Soberanía se traduce como amenaza, en el salón oval. Por ello, la única diplomacia que demuestra Estados Unidos y la OTAN a los países que desean ser tratados como iguales en el concierto internacional es de tierra arrasada o de “capitalismo gore”.

En cuanto Bush se lanza en la reconfiguración del mundo bajo la premisa (chantaje) —”están con nosotros o contra nosotros”—, es imposible para el sistema internacional de pesos y contrapesos desarrollar una diplomacia sana que nos conduzca a un equilibrio de fuerzas. Mucho menos de respeto.

La diplomacia internacional ha sido intoxicada por la manera en que se ha pretendido contener artificialmente un mundo cuyas reglas ya no son dictadas desde un solo centro de poder.

Insistir por la fuerza de las bombas y las sanciones en mantener vigente un orden caduco es lo que nos ha traído hasta aquí.

Sin justicia no hay paz

Durante más de ocho años, se ha venido conformando un expediente para demostrar cómo Occidente empujó al límite la situación en Ucrania.

Sputnik publicó un contundente reportaje donde se prueba que al igual que ocurrió en Venezuela, durante el golpe de Estado del 2002, los francotiradores que asesinaron a civiles y justificaron la ruptura del orden constitucional en Ucrania en 2014, fueron mercenarios contratados para incentivar una guerra civil.

Tal como lo afirma el investigador Iván Katchanovski, en su artículo El origen oculto de la escalada del conflicto Ucrania-Rusia, resulta preocupante que a pesar de las pruebas verificadas de “testimonios, testigos, pericias balísticas” y de la participación de “la extrema derecha y francotiradores extranjeros” en la masacre de Maidán “nadie ha sido detenido ni condenado”.

“Sin comprender la masacre de Maidán y llevar ante la justicia a sus perpetradores, es imposible comprender y resolver pacíficamente los conflictos internos e internacionales que involucran a Ucrania y la peligrosa escalada de la guerra en el Donbás”, advertía el académico.

Otra pista para entender el complejo panorama es que el 17 de diciembre del 2021, Estados Unidos y Ucrania votaron en contra de la resolución A/76/460 hecha por Rusia en las Naciones Unidas para la lucha contra la glorificación del nazismo.

En Ucrania funcionan a sus anchas organizaciones extremistas como Pravy Sector (Sector Derecha), Svoboda (Libertad) o el batallón Azov que tuvieron un activo papel en las violentas protestas del 2013 en Ucrania, y ahora accionan ante la mirada complaciente de la OTAN en Donetsk y Lugansk contra la población civil, en una verdadera guerra de exterminio que desde el año 2014 ha cobrado la vida de más de 7.000 personas.

La última pieza del rompecabezas es que tal como lo reseña Murad Gazdiev, corresponsal de la agencia RT, “la gota que derramó el vaso” para Rusia fue que el presidente de Ucrania, Volodímir Zelensky, “quisiera restaurar a Ucrania como potencia nuclear”.

Zelenski, durante su intervención en la Conferencia de Seguridad de Múnich (Alemania) anunció que convocaría a consultas “a los países firmantes del Memorándum de Budapest de 1994” para discutir las “garantías de seguridad” para Ucrania. Además, insistió que si Kiev no quedaba conforme con sus garantías “tendría derecho” de reconsiderar el pacto que implicó “deshacerse de sus arsenales nucleares”.

Todas estas claves, brindan el marco para entender por qué Putin ha dicho que su acción “es una medida forzada” al no dejársele a Rusia “otra opción”.

Pero no se trata solo de Rusia, lo que estamos presenciando es que ya no se puede seguir dejando sin opciones al mundo entero.

Las acciones de Estados Unidos de bombardear e invadir países saltándose el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sancionar a los jueces de la Corte Penal Internacional, negarse a firmar los tratados para mitigar el calentamiento global, mantener el bloqueo a Cuba y ahora a Venezuela, usar las sanciones económicas como mecanismos de sometimiento, solo han servido para dinamitar cada instancia de conciliación y arbitraje existente.

Si a eso le agregamos que las guerras híbridas consiguieron abrirle un boquete al equilibrio de fuerzas que implicaba la noción de destrucción mutua asegurada y han brindado el disfraz perfecto para mercadear como legítimos verdaderos dramas humanitarios, resulta entendible que lo países piensen en su supervivencia apelando a sus propias fuerzas.

La verdadera molestia de la OTAN y de quienes la apoyan, es que ya el mundo no mira impávido e impotente cuando los civiles son asesinados por bombas de racimo en Palestina, por el ejército del ISIS en Siria, por las tropas de ocupación en Irak, por los aviones de caza en Libia, por los drones que llenan de terror Yemen y Afganistán, ahora existen países que sirven de contrapeso para exigir respeto y garantías válidas para la supervivencia y derecho a vivir en paz de sus poblaciones.

Si de verdad queremos contribuir en la construcción de una paz duradera, lo primero es abandonar las visiones prefabricadas y maniqueístas que la industria cultural dominante nos entrega sobre el planeta, lo segundo, reconocer con humildad y apelando a las evidencias que el mundo multipolar que ya Chávez avizoraba, Putin hoy lo ha hecho realidad.

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