A lo menos Siete razones para pensar que estamos solos en el universo

0
335

Miguel Ángel Sabadell (Muy Interesante)

¿Y si la aparición de la vida animal no es algo sencillo? ¿Y si el origen de los organismos pluricelulares requiere una combinación altamente improbable de casualidades geológicas y astronómicas? Estas preguntas han dado pie a la llamada hipótesis de la Tierra rara.

La hipótesis de la Tierra rara fue propuesta en el año 2000 por el geólogo Peter D. Ward y el astrónomo Donald Brownlee, y es un disparo contra la línea de flotación de la astrobiología más optimista. Supone que la vida es común en el universo, pero únicamente en sus formas más simples, que han demostrado su capacidad para sobrevivir en los ambientes más extremos. Pero no podemos decir lo mismo de la vida animal, mucho más sensible que la microbiana a las condiciones ambientales. Es más, los procesos que han permitido la aparición de la vida compleja, animal, no son tan comunes como se nos quiere hacer creer.

Estas son sus razones:

1. Situación, situación, situación

Por ejemplo, las que se encuentran en las proximidades del centro galáctico están sometidas a niveles de radiación mortalmente altos; las zonas con una alta densidad de estrellas también están prohibidas por la amenaza de las supernovas, que al explotar son capaces de afectar seriamente a la vida en planetas situados a menos de 30 años-luz. Esto crea una esfera estéril alrededor del centro galáctico de 10 000 años-luz de radio. Las regiones más externas tampoco son apropiadas porque allí escasean elementos como el hierro, el carbono, el nitrógeno, el níquel, el magnesio…, que son fundamentales para la vida. Lo mismo pasa en las galaxias elípticas: la vida solo puede surgir en galaxias espirales.

2. No sirve cualquier estrella

La evolución se toma su tiempo por lo tanto la estrella debe vivir lo suficiente. Eso implica que no debe tener mucha masa porque quema su combustible nuclear muy deprisa y se apaga antes. Por si fuera poco, también producen una gran cantidad de la letal radiación ultravioleta, esterilizando el planeta desde sus comienzos. Tampoco pueden ser estrellas que posean una masa demasiado baja porque emiten poca cantidad de energía. Si tenemos en cuenta que el 95% de las estrellas de la Galaxia tienen menos masa que nuestro Sol, decir que la nuestra es una estrella típica es un poquito exagerado. Lo mismo sucede con todas aquellas de tipo solar con una baja cantidad de elementos pesados: las observaciones actuales no han encontrado sistemas planetarios en estrellas con un contenido inferior al 40% de nuestro Sol.

3. El planeta debe estar en el lugar correcto

La vida necesita agua y por tanto el planeta debe orbitar a una distancia de la estrella que haga que la temperatura en su superficie permita la presencia de agua líquida: es la Zona Habitable de una estrella. Ahora bien, como las estrellas cambian de brillo a lo largo de su vida, la Zona Habitable cambia con el tiempo. Esto impone una nueva restricción: que el planeta se encuentre a lo largo de toda su historia en la Zona Continuamente Habitable. Los cálculos apuntan a que en nuestro Sistema Solar está entre 0,95 y 1,15 veces la distancia de Tierra-Sol. ¿Qué planeta se encuentra justamente allí? Solo el nuestro. Su situación no obedece a ninguna ley; es cuestión de chiripa.

4. La importancia de tener un Júpiter

La situación orbital de un planeta tipo Júpiter es una cuestión peliaguda: si el nuestro hubiera nacido un poco más cerca o hubiera tenido un poco más de masa, su atracción gravitatoria habría impedido la formación de la Tierra. Podríamos pensar que para eso es mejor no tener ningún gigante gaseoso cerca. Craso error. La existencia de nuestro gigante gaseoso ha sido fundamental para “barrer” del Sistema Solar los peligrosos asteroides y cometas: sin Júpiter el número de objetos de 10 kilómetros -asteroides del Juicio Final- que chocarían con la Tierra sería 10 000 veces mayor.

5. El tamaño y la geología también importan

El planeta no puede ser demasiado pequeño, como sucede con Marte, porque no ejercería una atracción gravitatoria suficiente para impedir que la atmósfera se escapase al espacio. Por otro lado, la tectónica de placas desempeña un papel fundamental en el efecto invernadero natural provocado por gases como el dióxido de carbono, que hace que la temperatura media de nuestro planeta sea de 18º C y no de -25º C. Ahora bien, el CO2 se elimina de la atmósfera al reaccionar con el agua de lluvia formando ácido carbónico, que acaba en el fondo marino. Si ese CO2 no volviese a la atmósfera, la temperatura caería globalmente. Gracias a la tectónica de placas el CO2 regresa a ella a través de los volcanes, haciendo que haya una temperatura media que ha permitido el desarrollo de la vida animal. Por otro lado, el planeta debe ser geológicamente activo para que tenga un campo magnético lo suficientemente intenso que proteja la vida de los rayos cósmicos.

6. La necesidad de una luna grande

Nuestro planeta es único porque posee un satélite excepcionalmente grande. Si no existiera, la orientación del eje de la Tierra no sería estable y experimentaría variaciones caóticas en el tiempo: que disfrutemos de una sucesión regular de las estaciones durante millones de años es gracias a la Luna. Sin ella, las consecuencias climatológicas de una variación caótica del eje de rotación serían catastróficas para cualquier vida compleja. ¿Es raro que un planeta tenga una Luna grande? Ciertamente sí. El nuestro lo tiene porque cuando estaba en su infancia le impactó un objeto mayor que Marte y la Luna surgió de los restos de esa colisión. La casualidad ha vuelto a jugar a nuestro favor.

7. Un planeta es un lugar peligroso

En 5 ocasiones la vida en la Tierra ha estado a punto de desaparecer. El momento más peligroso sucedió hace 250 millones de años, cuando se perdieron más del 90% de las especies marinas. Nadie sabe qué ocurrió, pero la amenaza a la vida siempre está presente. A esto debemos añadir los fenómenos Tierra bola de nieve por los que ha pasado nuestro planeta. Al parecer, la Tierra se ha congelado completamente en cuatro situaciones, con temperaturas globales de -50º C. El último tuvo lugar hace unos 700 millones de años, antes de la famosa explosión del Cámbrico, un estallido de diversidad biológica sin precedentes que dio origen a todas las formas de vida que hoy conocemos. ¿Hasta qué punto la existencia de vida animal depende críticamente de este peculiar y único suceso? ¿Y es algo común o es un hecho especial?

Referencia: 

Ward, P. D. y y Brownlee, D. (2000) Rare Earth: Why Complex Life is Uncommon in the Universe, Copernicus Books

Gribbin, J. (2011). Alone in the Universe: Why our planet is unique, Wiley

Conway Morris, S. (2003) Life’s Solution: Inevitable Humans in a Lonely Universe, Cambridge University Press

DEJA UNA RESPUESTA

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí